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Tuesday, April 24, 2007

El patriota

Andaba vagando de aqui para allá entre carpetas de mi máquina, brincaba de un lado al otro y de repente se cruzó en mi camino una carpeta con fotos que mi hermano me había enviado.

Como si fuera una olla de oro apareció ante mi la imagen de un héroe mexicano, mirando hacia el horizonte, con un atardecer entre los árboles como escenario, parado junto al no menos heroíco Pancho Villa, o al menos una vaga representación del mismo.

Quizá exageré un poco, o un mucho... sí sí, no es un héroe nacional, pero para mi familia es un modelo; trabajador y honrado; comprometido con los ideales de la Revolución (porque ama a su tierra y la trabaja pero no porque piense repartirla).

No estoy segura quién tomo esta foto, si mi abuelo posó o si pararse junto al busto de Villa es la actividad que hace antes de que se oculte el sol; pero me alegro de tener una copia de la foto que refleja un poco de la personalidad de mi abuelo.

Thursday, March 15, 2007

Todo queda entre amigos

Mi mamá es muy sensible pero procura tomar las cosas con la cabeza fría, supongo que ha aprendido de mi papá. Antes de viajar a casa de mis abuelos dejó todo listo y con todas sus fuerzas pedía a Dios poder llegar a verla y decirle cuánto la quería; más tarde decidió pedirle que la cuidara, que no era necesario decírle algo que mi abuelita sabía y no la dejara sufrir.
La noche anterior al día en que mi abuela se fue mi mamá se quedó a dormir con ella, en realidad a cuidarla. Mientras velaba que todo estuviera sin contratiempos acariciaba sus blancos cabellos besaba su mejilla y le decía que la quería mucho, que sus nietos y mi papá la ibamos a extrañar pero que ella merecía descansar.Fachita no estaba inconsiente y su pulso se aceleraba cuando escuchaba algo que le emocionara.
Después de que mi mamá notó lo anterior, llegó a pedirle con lágrimas en los ojos a mi abuelo que fuera al hospital y le dijera a mi abuelita todo lo que sentía por ella. Mi abuelo, que no se caracteriza por su fluidez al hablar, le respondio que mi abuelita ya lo sabía. Mi mamá insistió y ambos terminaron llorando, y él accediendo.
Se baño y se arreglo, actividades que cuesta muchísimo trabajo realice porque es como niño y aunque lo mandara el presidente, que para él es un naco, no obedecería. Ese día lo hizo sin empacho, se perfumo y se peino.
Fue el primero en subirse al coche y cuando llego al hospital se quedó a solas con mi abuela. Qué le dijo jamás lo sabré, porque en esa relación la comunicativa fue mi abuela. Me gusta pensar que tuvo la oportunidad de pedirle perdón por sus errores y faltas; quizá le dijo que la amaba y que los sesenta años que pasaron juntos le ayudarían a superar los que le faltaban por vivir.
También me gusta imaginar que mi abuelita lo escuchó todo y aunque esos tubos que la mantenían con vida pero silenciosa no le permitieron decir una sola palabra, lo perdono. Tal vez en sus pensamientos le respondio que ella también lo quiso, y que iba a extrañarlo.
Dios les dio ese último instante juntos, fue un regalo. Mi abuelita debió estar ansiosa de esa visita y de ese adios de la persona con quien más momentos felices compartió, porque ese día nos dejó.
Sus confesiones y perdones quedaron entre amigos.

Thursday, February 08, 2007

Fachita


* * *
Esta foto fue tomada después de romper una piñata y el excéntrico sombrero es una parte de ésta.

Diciendo adios

No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible para los ojos

Mi abuelita falleció el 29 de enero, el día en que escribí la entrada anterior. Ese día por la noche mi mamá nos llamó y nos comentó que estaba más calmada, pero mientras hablabamos con ella le avisaron que su corazón había dejado de latir.
Un corazón que tenía tanto espacio para que cupieran sus diez hijos (vivos) y sus decenas de nietos e incluso bisnietos, se cansó y quiso reposar. Era justo y si Dios así lo decidió fue lo mejor para ella y para nosotros que la amamos tanto.
Inmediatamente después que supimos la noticia mi papá y yo salimos hacia la casa de mis abuelos; pero yo sentía que era como un sueño, que aquella constante en mi vida no podría cambiar tan radicalmente, que aquella imagen de una mujer en una fresca batita de flores con sus enormes anteojos y una sonrisa enorme iba a estar ahí hasta que mis hijos tuvieran hijos... fue una fase de negación, con la tonta esperanza de que se hubieran equivocado y todo fuera una muy mala broma.
Después de menos de cuatro horas de viaje llegamos al caracterísitico camino que lleva al pueblo de mis abuelos, con el ingenio al final y los cañales a los costados. Mi corazón comenzó a latir muy rápido y mis manos me sudaban, de pronto me di cuenta que no era un sueño, que no era una broma y que al llegar mi abuelita no gritaría su "jejejeee miren nada más quién llego", no saldría con sus pasitos cortos a abrazarnos emocionada y no respondería a mi pregunta sobre cómo estaba con un "pues mírame".
Cuando le comenté eso a mi papá, alguien que le molesta la debilidad humana, me miró y me dijo que ahí estaria, que ahí estaba.
Llegue a la casa de mis abuelos y mi mamá salió a recibirme y mi tía me dijo que cuando pasara a verla no tuviera miedo ni tristeza, que solo iba a ver a mi abuelita dormida. La vi con su mantilla, sus ojitos cerrados y un aire de paz, que me dejó tranquila a mi también.
El papá de mi cuñado falleció hace nueve o diez años, él a su corta edad tuvo que darle la noticia a su mamá, y ha sido una de las explicaciones más ciertas pero a la vez más tristes que he escuchado: mi papá se quedó dormido, pero ya no va a despertar.
Así pasa realmente, sólo estás dormido.
El cuerpo de mi abuelita ahora está vacío de ella, ella debe estar en "su planeta". Y le dije adios con lágrimas, pero sólo a su imagen viva. Porque de mi abuelita nunca podré despedirme, y como dijo Isabel Allende, le doy la bienvenida a su espiritu, pero con alegría.

Monday, January 29, 2007

Doña Eufra


Una pequeña mujer que con el paso de los años se fue haciendo más pequeña, esta muy enferma y me preocupa que deje su cuerpo de abuela y ya no transporte a mi querida abuelita; así como El Principito, que para volver a su planeta donde le espera su flor, tiene que dejar su cuerpo porque es muy pesado para llevarlo con él.
Hoy que hablé con mi mamá me dijo que estaba muy mal, mucho muy mal y como me dijo Julián tenemos que ser fuertes y no egoístas, porque si ella está sufriendo tendremos que dejarla ir.
Por todo esto intentaré hacer una mini biografía de mi querida abuelita, tan objetiva como pueda, que me permita mantener en mi memoria no sólo los detalles que tuvo conmigo, sino también sus ocurrencias que podían hacerme reír hasta desartornillarme o desatinar.
Ella nació en el siglo pasado, como la gran mayoría de los miembros de mi familia, en 1924... hace muchos años atrás. Nació, creció, se enamoró, tuvo hijos y los vio crecer en el mismo lugar.
Cuando iba a la escuela, porque aunque se dude paso varios años por ahí, mi abuelito la veía que no jugaba con las otras niñas, y según él desde ese momento notó que era diferente, tal vez desde entonces supo que estaría más de 50 años con ella.
No puedo recordar cuántos hermanos y hermanas tuvo, y no porque no le pusiera atención a mi mamá o a ella misma cuando me platicaba de cada una de ellas, sino porque mi memoria es mala parece un queso gruyère en donde cada uno de los faltantes los relleno con fantasías y muchas mentiras que hasta yo creo. Lo que sí recuerdo es que fue la menor de todos ellos, y así como uno a uno llegaron antes al mundo, uno a uno se le fueron adelantando.
Hay en su casa una foto en donde mi abuelo, joven y guapo, usa un traje muy elegante, con corbata de moño y ella tiene puesto un vestido de novia muy fino con el que se ve como actriz de la época de oro del cine mexicano; una fotografía retocada pero yo no supe qué tanto hasta que un día revisando en su "beliz" encontré la original, en la que mi abuelo sólo usaba una camisa, fajada gracias a Dios, con un pantalón oscuro y mi abuelita un largo y sencillo vestido blanco.
Quiero que más o menos así sea el recuerdo que tenga de ella, tendré en mi cabeza el original. Pero en mi corazón guardaré con mucho cuidado uno retocado, con sus delicias a la vista, en donde la veré cuando se reía de nosotros porque fingía estar despierta; cuando hablaba con la efe; cuando cocinaba sus deliciosos tintines; el perfume que me regaló y el último abrazo que me dio.

***
Solo le pido a Dios que la cuide y la proteja; porque yo aceptaré su voluntad, que sé, es lo mejor para todos: Dios no juega a los dados.

Wednesday, January 03, 2007

Noticias frescas

En esta época es común que se reuna la familia para compartir la tradicional cena de Navidad o de año nuevo. Mi familia es bastante grande, más si la comparamos con las familias modernas en las que uno o dos hijos son los que junto a los padres las componen.
Esta Navidad la pasamos en casa de mis abuelos maternos, de los cuales ya he hablado anteriormente. Son dos casi adorables viejecitos que viven juntos en una casa en provincia y que son cuidados por una de mis tías, y digo casi porque la mayoría de las personas de edad avanzada se comportan como unos niños de cuatro años pero con la autoridad que les confiere una estirpe de hijos, nietos y bisnietos y por supuesto sus más de siete décadas de vida.
Mi abuela, como la mayoría de las abuelas, habla con la televisión. No hay que interrumpirla cuando ve alguna de sus novelas o los últimamente famosos talk shows.
Laura en América es su favorito, en la mayoría de sus programas, podría asegurar que en todos, una pobre y angustiada mujer es acosada por un hombre que la quiere más que a nada en el mundo y daría todo por ella incluso enfrentarse al enfurecido y, obviamente, alcoholico y macho esposo. Ella es una santa que saca adelante a su familia pero no puede negar que su pretendiente ha logrado hacerla suspirar nuevamente. Mientras ella, la mujer afligida, y él, el nuevo y prometedor pretendiente, estan en el panel Laura trata de convencer a la protagonista de la historia de que su esposo es un mal hombre. Para probarlo hace pasar al marido mientras grita -¡que pase el desgraciado!!!!-. El esposo, haciendo gala de su condición de cavernícola entra al estudio, corre hacia el pretendiente y comienza a golpearlo (los hombres que están detrás de ellos fingen intentar separarlos)...en ese momento mi abuela grita sabiamente -¡andale cabrón!!!!- y toda clase de recomendaciones. El programa casi siempre tiene un desenlace gracioso para mi, pero justo para mi abuela: el marido tiene una amante a la que maltrata constantemente, y la esposa lo abandona.
Mi abuelo, un campesino que a sus ochenta años carga bultos de azúcar en su espalda, esta alejado de todo el mundo por su moderada, pero conveniente para mi abuela, sordera. Yo creo que no está tan sordo como todos pensamos, sólo finge para que las locuras de mi abuelita no lo afecten. Él ama al chavo del ocho, aunque se duerma mientras a nosotros nos obliga a ver su maratón navideño.
Tienen un refrigerador en el que guarda el periódico que no ha leído...mi tía se ríe mientras dice que es que le gusta leer las noticias bien frescas.
Ay mis abuelos, me da mucha risa recordarlos; pero la risa se borra cuando Julián me dice que no hay remedio, seré como mi abuela en unos años más, sólo espero que sean muchos.